Saltear al contenido principal

Bici e intermodalidad: el próximo reto de las ciudades

Respaldado por firmes políticas desde muchos Ayuntamientos, en los últimos años hemos observado un crecimiento exponencial en el número de bicicletas que circulan por las ciudades españolas. La consecuencia directa es que el ciclismo como medio de transporte tiene cada vez mayor presencia en el reparto modal, creando ciudades más sanas y amables.

Foto: Ecomovilidad.net

Foto: Ecomovilidad.net

A la hora de elegir el modo de transporte óptimo, la ciudadanía toma su decisión basándose en variables similares: la distancia a recorrer, la comodidad en el uso, la accesibilidad al modo, la seguridad, etc. Cuando se elige la bicicleta, el trayecto óptimo se encuentra entre los 2 y los 8 kilómetros, siempre que el usuario perciba que la ruta es cómoda y segura. Sin embargo, en las grandes ciudades el lugar de residencia y el del trabajo se encuentran en muchas ocasiones separados hasta 2 ó 3 veces esa distancia; la bici deja, en general, de ser una buena solución para este tipo de movilidad, el más numeroso en las ciudades.

Por otro lado, el problema clásico de los medios de transporte colectivos, especialmente de los de gran capacidad (metro o ferrocarril de cercanías) es el de la “última milla”: la manera de llegar desde donde te deja la parada más cercana hasta el destino. El modo de dispersión, es decir, el modo de recorrer esa “última milla”, es fundamental a la hora de elegir el modo de transporte y es uno de los principales motivos de elegir el uso del coche: poder llegar “hasta la puerta” o, al menos, tener la sensación de que se llega hasta allí, ya que la percepción del tiempo de aparcamiento / dispersión desde éste suele minimizarse.

Es en este punto donde la bicicleta entra de nuevo con fuerza ya que es un estupendo modo de resolver este problema de “última milla”, acercando los medios de transporte colectivos a los destinos de los usuarios.

Sin embargo, los usuarios actuales y potenciales nos encontramos con un gran escollo: las limitaciones de uso en los distintos modos de transporte. Mientras que Renfe ya permite que el usuario cargue en sus trenes de cercanías la bicicleta sin restricciones de horario, Metro de Madrid o Barcelona tienen unos horarios muy restrictivos; en la red de autobuses urbanos suele ser imposible y en la de interurbanos depende, en general, del criterio del conductor.

Esto genera una de las reticencias más graves para cambiar de modo: desinformación e inseguridad en la ciudadanía. Por un lado, no se conoce con exactitud cómo funcionan dichos horarios: ¿es horario de entrada o de salida? Si estoy con la bici en el metro y se pasa la hora permitida, ¿me obligarán a salir de la red? ¿Me multarán? Por otro, el usuario debe planificar sus trayectos de antemano, sin saber si, de modificarlos, la bicicleta tendrá cabida en él. El escenario que se le presenta a cualquiera es de incertidumbre.

La solución pasa por una planificación global e integral de la red de transporte de la ciudad, considerando todos los modos de transporte presentes en la ciudad. Esto supone crear las condiciones adecuadas para que el usuario pueda realizar una decisión informada sobre su viaje, siendo consciente de las alternativas y su impacto, así como de las infraestructuras disponibles y los tiempos reales de viaje.

Por tanto, es necesario que la administración apueste de manera coherente y eficaz por la integración de la bici en el sistema de transporte, generando tanto la legislación apropiada para facilitar su uso, como la información precisa al usuario y la infraestructura necesaria. La intermodalidad de una red de transportes es el mejor indicador de su éxito y es vital para mejorar la vida en las ciudades. La bicicleta es su mejor aliada.

Post Invitado
Marta Serrano (@Marta_Serrano)
Marta Serrano

background
Volver arriba
×Close search
Buscar