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Joan Ferrer (Palma): El ADN escandinavo y la movilidad sostenible

Seguramente muchos de los lectores habrán visitado o tendrán referencias de alguna ciudad del norte de Europa. La sensación generalizada habrá sido siempre la del choque provocado por un paisaje urbano completamente diferente puesto que muchas de ellas se distinguen por favorecer los usos de transporte colectivo y no motorizado por encima del vehículo privado. Los visitantes habrán constatado, pues, que la realidad y la calidad de vida de estas urbes es sustancialmente diferente de la realidad de los pueblos y ciudades de nuestras Islas y habrán suspirado, más de uno, para que esta realidad pudiera ser la nuestra.

Pero también en más de una ocasión, nosotros mismos o nuestros interlocutores, habremos frenado nuestros impulsos de exigir una movilidad diferente cuando hemos oído aquello de “sin embargo, nuestra ciudad no es como Ámsterdam!” O también aquello de “los escandinavos son diferentes a nosotros, tienen otra cultura, y por eso emplean más la bicicleta y el transporte público”. Todas ellas afirmaciones categóricas que dan a entender que los naturales de estos países más “fríos” cuentan con una predisposición natural hacia la movilidad sostenible, mientras que los residentes del sur somos adictos al vehículo privado, el humo y la contaminación atmosférica, obviando que la mayoría de localidades de las Islas gozan de un clima excelente y una orografía ideal para el uso de la bici urbana y el paseo.

Cabe recordar que gran parte de estas ciudades que abarcan desde hace años la movilidad sostenible antes eran también considerables infiernos de tráfico donde la polución y la siniestralidad eran la norma. Fue gracias a movimientos sociales, impulsados sobre todo a partir de los desproporcionados índices de accidentes, y con un amplio consenso de la derecha y la izquierda políticas, que consiguieron cambiar las tornas hacia una movilidad basada en el transporte collectivo, la bicicleta y el peatón. Y todo ello en un momento, los años ’60 y ’70, cuando el desarrollismo sin control en España era la norma, ellos ya habían conseguido voltear su modelo dada la peligrosidad que suponía.

Por si no fuera suficiente la siniestralidad que supone el tráfico (recordemos que Baleares continúa por encima de la media estatal) debemos tener en cuenta otros muertos, tal vez más silenciosos mediáticamente, pero mucho más contundentes en cifras. Según los datos de la Agencia Europea del Medioambiente, la contaminación (con los coches como principales emisores de partículas letales) fue la causa de 29.980 muertes prematuras en España durante 2013. Por sí sola, una cifra que debería hacer caer gobiernos y provocar revueltas sociales, pero que todos nosotros, administración y ciudadanía, hemos asumido con extraña naturalidad.

Lo más grave de todo es que este dato desolador cuadra con nuestra realidad más inmediata. Si tomamos el estudio elaborado por la Conselleria de Territorio, Energía y Movilidad del diagnóstico para llevar a cabo el Plan Director de Movilidad, vemos que en nuestra comunidad no se ha producido ninguna reversión de la situación del tráfico, no se ha conseguido todavía cambiar la tendencia. Se constata que el vehículo privado prácticamente se ha mantenido sin ninguna alteración en su preeminencia durante los últimos 16 años y ocupa casi el 55% de los desplazamientos diarios. A esto hay que añadir que la estacionalidad turística y el gran número de visitantes que recibimos anualmente provoca que el tráfico aumente casi un 25% los días punta del verano con una media diaria de circulación de 75.000 coches, añadidos al ya excesivo tráfico habitual de residentes.

Es más que evidente que los que pensamos que una nueva movilidad es posible no hacemos prevalecer nuestros posicionamientos ideológicos o nos dejamos llevar por una tendencia o moda. Se trata de reivindicar un derecho esencial, el de la salud, por encima de cualquier otro como pueda ser la malentendida prioridad de llegar por todas partes con el vehículo privado, a la vez que se impulsan medidas para practicar lo que los expertos llaman como el “push & pull” (empujar a favor de la movilidad sostenible y estirar o retirar el uso del coche).

Con ello, las líneas de actuación que ahora mismo se plantean desde las áreas de Movilidad de los ámbitos del Gobierno, Consejos y Ayuntamientos, donde los socialistas tenemos responsabilidades ejecutivas, radican justamente en estrategias para empujar la movilidad sostenible: garantizar una mejor accesibilidad con el transporte público (compensando la mala planificación y el déficit histórico inversor, la siempre mala de borrar marca de los gobiernos del PP); reducir la contaminación y el consumo energético generados por la movilidad; reducir la siniestralidad; reordenar el territorio para evitar la generación de grandes distancias y núcleos de difícil acceso (por ejemplo, los centros de estudio y trabajo); vuelta al reparto modal a favor de modos no motorizados (a pie y en bicicleta) y colectivos (bus, metro, tren …); y en términos generales, aplicar mucha más rigidez en la oferta y uso del coche privado en las ciudades, hasta ahora el causante de la situación actual. No se trata, por tanto, de enfrentar los coches y las personas. Se trata de poner las personas en el centro, garantizar su derecho a la movilidad y ampliar su calidad y esperanza de vida. Nada banal, ¿no?

Con todas estas iniciativas con las que actuamos y queremos seguir implantando en el futuro, con el máximo impulso posible, los socialistas de las Islas Baleares reivindicamos no sólo la vigencia de los principios básicos del socialismo -igualdad, libertad, solidaridad- sino que, además, planteamos un nuevo principio básico del socialismo democrático: la sostenibilidad ambiental como garantía imprescindible de un progreso seguro, más justo y más duradero, tanto para las generaciones presentes como para las futuras. Con ello consideramos que no sólo nos impulsará a seguir trabajando de manera firme y decidida hacia la movilidad sostenible, sino que también combatiremos las graves consecuencias sociales del impacto ecológico del neoliberalismo, ya advertidas por la comunidad científica, y que tienen como evidencia más clara el calentamiento global, causante de los principales desastres naturales que sufrimos actualmente.

Palma, Semana Europea de la Movilidad. Del 15 al 22 septiembre de 2017

Joan Ferrer Ripoll
Regidor de Mobilitat de Palma
i secretari de Sostenibilitat del PSIB-PSOE

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